NOTAS ACERCA DE LA IMPORTANCIA DE LA EXPRESIÓN LITERARIA

Por: Dra. Rocío García Rey

 

Es por la celebración de la palabra, particularmente aquella que es transformada en literatura, que deseo iniciar mi participación citando al gran Borges. El escritor argentino en “La biblioteca de Babel”, señala que: “La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden)”. En efecto lo que aquí nos reúne es una suerte de herencia de historias, poemas, glosas, paráfrasis, es decir todas aquellas formas que a lo largo de los tiempos se han posicionado como parte de ciertas tradiciones de escritura. Es así que somos poseedores, aunque no lo hayamos percibido plenamente, de una gran Biblioteca a la vez simbólica y física. Para entrar en ella no hace falta sino echar a andar esa acción que puede situarnos en la episteme, en la duda, en la develación de nuevos significados del mundo. ¿A qué acción me refiero? A leer. Coloco a propósito el verbo en infinitivo porque deseo que este escrito sea una invitación para que hagamos un ejercicio de “elección”. Se trata, en efecto, de querer contagiarlos de la emoción, incluso de la confrontación que produce la literatura, y si logro transmitirles aunque sea una pizca de emoción y reflexión, será más fácil que ustedes elijan si conjugan este verbo que he arrojado: “leer”. Claro, porque no es lo mismo pronunciar: leer que decir yo leo, yo leí, ustedes leerán. La acción, conjugada, tendrá un sujeto que la lleve a cabo en un universo temporal.

La lectura, siempre y cuando sea crítica, nos posibilitará ser sujetos y no objetos. Entre la palabra y el silencio, entre el nombrar y el callar está también una toma de posición de vida. Ya lo dijo la gran filósofa María Zambrano: “Pues el hombre puede estar en la vida de varias maneras: pasivamente o en activo. Lo cual sólo se realiza plenamente cuando se acepta la responsabilidad o cuando se la vive moralmente”. (p.11 Persona y democracia. La historia sacrificial)

Aun cuando hay emoción por la palabra vuelta literatura, también soy consciente que atravesamos una suerte de andamio oscuro que es la ausencia del hábito de la lectura. No reduzco el acto a decodificar palabras, sino a llevar a estas a una significación mayor que incluye hacer inferencias, síntesis, paráfrasis. El panorama no es muy colorido porque el resultado ante las Pruebas de PISA que México ha arrojado, en materia de lectura, no ha sido el mejor. Veamos, en la prueba del 2009, cuando se evaluó la capacidad lectora de los estudiantes, nuestro país obtuvo un 0.4 frente a un 6.8 como marcador de la OCDE.

 Ahora bien, si existe tal situación no es el momento de asimilarla de manera pasiva, sino de vislumbrar si podemos hacer algo desde nuestro espacio, desde nuestra trinchera. Tal vez podamos comenzar por desempolvar nosotros mismos libros y textos que por una u otra razón han sido arrojados al cajón del olvido. He dicho “por una u otra razón”, pero ello en realidad es un eufemismo, pues hay que ser valientes para reconocer que vivimos en términos de Zygmunt Bauman, en un mundo líquido, en cual hasta las ideas parecen ser evanescentes. En un artículo que publiqué hace algún tiempo, titulado “Notas para mirar el presente / Notas para nombrar el pasado señalo:

Vivimos un tiempo en que nuestra lectura del mundo tiene que ver con un cúmulo de acelerados cambios cuyos significantes podemos visualizar, pero cuyos significados no terminan de ser emitidos porque mayoritariamente pertenecemos al aquí y al ahora en el que la reflexión tiene un espacio cada vez más reducido. Acaso seguimos siendo testigos de la llamada “crisis de paradigmas.” No está por demás decir que, si recurrimos, precisamente a la historia, caeremos en la cuenta de que éstas son parte de la misma dialéctica económica, social y de pensamiento.

Lo expuesto no pretende conducirlos al muro de lamentaciones, más bien desea invitarlos, ya he insistido mucho, a leer y en este momento también a escribir, pues no lograremos ser lectores ni constructores del mundo (en términos de Freire) si no nos atrevemos a plasmar en la pantalla, en el papel, nuestras historias, nuestros, sueños, nuestros temores. ¿Qué sería el hombre sin la posibilidad de ejercer el derecho a la escritura?

En este sentido apoyo totalmente lo expuesto por la gran Maestra Emilia Ferreiro, cuando advierte de los peligros que entraña dicotomizar lectura y escritura. Destaco parte de una de sus ponencias:

Queremos, además, que (los alumnos) sean capaces de producir textos (…) no sólo para cumplir requisitos burocráticos (…) sino para eso tan importante que es «decir por escrito», poner la propia palabra por escrito y a través de ese aprendizaje, comprender mejor la estructura, la función, la fuerza elocutiva y la belleza de los textos que otros han producido.

Producir textos conlleva una acción de abstracción y de recreación de otras historias ya contadas, ya dichas, aunque no por ello agotadas. En efecto, se trata de dialogar con los escritores que han heredado para deleite nuestro su creación, su poiesis, su inventio, que al fin y al cabo es la inventio de una cultura de una sociedad. Si no dialogamos con dichas producciones estaremos inhumando esa gran Biblioteca a la que se refiere Borges, y al mismo tiempo le daríamos la espalda al trazo vuelto, letra, emoción, metáfora, descripción. He ahí la gran importancia de nutrirnos de literatura. He ahí la importancia de permitirnos escribir guiados por los exhortos de Huidobro en su célebre “Arte poética”. “Que el verso sea como una llave que abra mil puertas” / Después el poeta chileno dirá: “Una hoja cae; algo pasa volando/; Cuanto miren los ojos creado sea, / y el alma del oyente quede temblando.”

El verso, los versos, el cúmulo de palabras vueltas texto, aun en tiempos líquidos, por fortuna, siguen apareciendo. Varios textos ahora pueden ser encontrados en otra plataforma: la red. Es en esa dimensión que particularmente me sigue pareciendo asombrosa que podemos convocar voces y opiniones.

Si damos esta oportunidad, aquella hoja mencionada por Huidobro, se transformará en texto, palabra niña, palabra vuelo, palabra semilla, palabra futuro. Si damos paso a esta palabra estaremos construyendo el ancla al conocimiento y será fruto de que estemos formando ciudadanos que se atrevan a salir de aquella caverna aludida por Platón.

[1] Texto leído en la inauguración del Centro Cultural Partenón, en la Ciudad de México.

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