INSTANTÁNEAS DE LA CIUDAD.

Escritas y contadas por Miguel Ángel Tenorio

Hoy presentamos: “EL PREMIO SOY YO”

 

Ella sonríe y lo mira con unos ojos pícaros, echa la cabeza hacia atrás y la blusa se le entreabre. Extiende sus brazos en el respaldo del asiento, recarga la espalda. Cruza las piernas dejando que su falda suba bastante por sobre sus muslos. Gira un poco hacia su izquierda, hacia él, que está sentado en el banquito sin respaldo que está frente a la mesa circular del bar del Sanborn´s de Camarones.

– ¿Adónde vamos? – pregunta él.

  • Al nuevo Sanborn´s – respondió ella, cuando por fin llega el día de hoy y tiene que cumplir con su parte del trato.

– Si quiere, puede tocar – le dice ella a él, poniéndose más provocativa.

Él da un trago a su cuba para darse valor. Recuerda, dos meses atrás:

Él formado en la fila para hacer un depósito. La descubre a ella, con sus 23 o 25 frondosos años en la caja:

– ¡Qué mirada tan bonita! – piensa.

La fila avanza y la mira a ella ir de un lado para otro.

– ¡Qué bonito camina! – piensa.

La fila sigue avanzando y él ya llega frente a ella que lo recibe con una sonrisa hermosa.

– Perdóneme que le diga esto, señorita, pero qué bonita es usted – le dice él a ella que responde con un ligero rubor en el rostro, al verlo a él con su pelo blanco y sus 65 o 68 años:

– No, pues gracias – dice ella.

– Si pudiera hasta le daba un beso – le dice él, sintiéndose un atrevido. Recordando que hace 20 o 40 años, habría muchas, cajeras como ella, o hasta gerentes, que se derretirían por una frase de él, así como esta.

– Pues démelo – le dice ella, que al verlo a él paralizado, toma la iniciativa y es ella quien le planta el beso.

Como hoy: él se queda como que besando el vaso donde está la cuba. Ella se le acerca para respirarle en el oído, le hace a un lado el vaso, lo hace que lo deje en la mesa, que libere sus manos, que sus manos las ponga sobre ella. Sobre sus piernas. Los recuerdos se le sobrevienen a él:

Otro día, también depositando en la caja donde atiende ella, llega y ya la saluda de beso, aprovecha para verle el escote, ella se da cuenta, él se apena. Ella va a buscar la autorización del cheque. Él le mira las piernas, enloquece por dentro. Ella voltea, lo sorprende. Él se turba. Ella le sonríe. Como hoy que le dice:

– Vámonos. No quiero que desaproveche su tiempo.

Él trata de decir algo, pero ella lo abraza, le besa con la lengua el oído, él se pone chinito. Ella, con habilidad, al mismo tiempo pide la cuenta. Él recuerda:

La semana pasada, él llegando a la caja.

– ¡Hola! – le dice ella que le planta el beso que ya es costumbre.

– ¿Cómo le va? – responde él.

Y ella le dice:

– ¿Sabe? Estoy organizando una rifa.

– ¿Sí? – pregunta él.

– Sí, es que, tuve un desfalco en las cuentas y tengo que reponer ese dinero.

– Ah.

– Son cien números de 300 pesos cada uno.

Él hace las cuentas rápido y le dice:

– Como quien dice, necesita 30,000 pesos.

– Ajá – dice ella, que mientras platica cuenta el dinero, verifica la ficha, se la sella, le da su saldo en cuenta de cheques, cuenta maestra, tarjeta de crédito y también de sus inversiones, así como también le sella el boleto del estacionamiento.

– ¿Y le urge mucho ese dinero? – pregunta él que quiere ser galante con ella, porque todos los días piensa en ella, sueña con ella, la desea.

– Ya estás baboseando todo el tiempo – le dice su mujer que hace 20 años lo celaba a cada instante y ahora a cada rato lo descubre que está como en la nada, pero es que no está en la nada, está gozando del recuerdo vívido de las piernas de ella, de los senos, de las manos.

– Pues sí, sí me urge – dice ella – por eso hago la rifa.

– Está bien – dice él – del cheque que me va a cambiar, descuénteme lo de cinco boletos.

– ¿Cinco? – pregunta ella, sorprendida.

– Es que la quiero ayudar – se lanza él.

– Gracias – lo besa ella.

No tan cálido como lo está besando en este momento, a media luz, en el hotel donde lo besa y lo desviste, porque él está mudo y paralizado. Tan mudo y paralizado como aquel día:

– ¿Y cuál es el premio? – pregunta él, antes de irse.

  • El premio soy yo – le responde ella, que por eso hoy está con él, ayudándole a entrar en ella, regalándose toda la noche, porque él ganó la rifa de este mes.

Y mientras va entrando en ella que resulta ser una guía muy cuidadosa y generosa que no le lastima sus sentimientos por haberse tardado tanto en encontrar la firmeza necesaria para la acción, le dice:

  • Para el próximo mes, yo te compro todos los boletos.

 

 

Esta historia está publicado en el libro “INSTANTÁNEAS”, de Ediciones Habitación 69.

 

Sirva esta publicación para recordarles que el próximo sábado 27 de agosto, 17 horas, en el Bar “El Hijo del Cuervo”, en pleno centro de Coyoacán, voy a celebrar los 23 años de “Instantáneas de la Ciudad”. Ojalá que me puedan acompañar. Donativo de entrada: $60. Consumo mínimo una chela. Promoción especial: pagando donativo de entrada de $100, se llevan también el nuevo libro “Sexañeros y sexygenarias”.

 

 

 

 

 

 

 

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