Entrevista con el pintor David Correa

 

“A este joven pintor que recién aparece en el difícil mundo del arte, le auguro, tanto por sus facultades como por su trabajo constante, que llegará a alcanzar el nivel que su capacidad e intuición creativa merecen”.

Rufino Tamayo a David Correa.

 

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Por Armando Noriega @mando_rock 

Mi encuentro con el pintor mexicano David Correa Muñoz fue gracias a la amistad que llevo con su representante María Teresa Rodríguez Almazán. Quien nos invitó a su domicilio y taller ubicado en Chapultepec para llevar a cabo la entrevista.

Después de una platica de casi cuatro horas que tuvimos David, Teresa, Karina (fotógrafa) y yo, pasamos a conocer el taller y el trabajo del artista; fue en este momento donde empezaron las preguntas:

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David Correa nace en Tacubaya en la Ciudad de México en el seno de una familia humilde y, gracias al maltrato y los bajos recursos, decidió huir del entorno en el que vivía para refugiarse bajo el cielo de la gran Ciudad y cobijado por las calles y el frío. Así comienza la historia de un joven soñador.

“Vengo de una familia pobre. Mi madre trabajaba en casas y mi padre era una especie de obrero que jamás supe lo que hacía; le gustaba beber demasiado. Gracias a eso vi mucha violencia en casa”.

“Yo comencé a trabajar a los ocho años como empacador para ayudar con los gastos del hogar. Somos siete hermanos. Y es cuando a los quince años decido abandonar la casa para jamás volver. Anduve vagando por seis años durmiendo en donde me cayera la noche”. Recuerda con nostalgia el pintor.

La idea de dedicarse al arte surge de su capacidad de observar, de analizar lo que está en su entorno y su forma de vivir mágica, colorida y creativa pese a la circunstancias en las que vivía.

Un día vagando por las calle de Polanco y cruzándose con el Centro Cultural de Arte Contemporáneo observa que se exhibía una exposición del artista noruego Edvard Munch. Fue ahí cuando decidió dedicarse profesionalmente a la pintura.

“Empiezas a analizar tu vida. Empiezas a crear conciencia de lo que harás con ella. Y no sé si fue el destino o Dios que se me presentó en ese momento. Al voltear y ver la exposición, me acerco y pido permiso para ingresar, afortunadamente no me restringieron el paso. Entro y de ahí, empiezo a ir diario quedándome doce horas durante un mes que duró la exhibición”. Comenta David.

Correa ha participado en distintos talleres de dibujo pese a que su formación fue básicamente autodidacta. Recuerda y me platica la primera vez que llegó a un taller de arte:

“Lo difícil fue saber quién me enseñaría a desarrollar este talento. Antes existía una galería que ayudaba a los jóvenes, estaba en la Glorieta de los Insurgentes. Fui, y al llegar observo a una chica que llevaba canapés y aguas de sabor, me acerco para ayudarla y me invita a quedarme. A ella y a un muchacho que estaba sentado a lado mío les comento que quiero ser pintor, a lo que él me responde que observe quién era el maestro. Era Gilberto Aceves Navarro”.

 “Al terminar la clase y la exposición, corrí para alcanzar al maestro. Le comento que mi pasión y sueño es ser pintor pero que no contaba con dinero para pagar (yo creo mi sinceridad le gustó) a lo que me invita a su taller de los sábados. Ese mismo sábado acudí y te impresionas al ver a los alumnos que vienen de escuelas de prestigio y yo venía de la nada. Fue la primera vez que tendí mis rayones frente a todos”. Recuerda con alegría David.

Después de permanecer en el taller un año aproximadamente, David Correa ya tiene claro a donde va su vida, el mismo dice: “para desarrollarse en el arte se necesita tiempo ilimitado, ya que sólo el trabajo es lo que hace al verdadero maestro”

“Ingreso a la ENAP de oyente a un curso de historia del arte, y el maestro y yo tuvimos buena conexión”.

 “También recuerdo que Aceves Navarro nos decía que si queríamos ser pintores, deberíamos dibujar 18 horas diarias, que aquí no existían los descansos”.

“Regresando a mis clases, recuerdo que llegaba a Xochimilco como podía. A veces mi comida era un gansito y un refresco en toda la semana. Pero mi motivación nadie me la quitaba pese que las clases empezaban a las nueve de la mañana. Era un taller libre. Cuando el maestro no se presentaba aprovechaba a entrar a las distintas clases que ahí se impartían. Ahí te regalaban material, papel, gises. Y la mayoría de alumnos dejaba el material que sobraba y yo lo agarraba y me lo llevaba”. Me comenta el pintor.

David trabaja la mayor parte de su tiempo en sus obras, nos comenta que en sus años difíciles, mataba y olvidaba su situación de calle dibujando. Buscó su propio estilo sin caer en la imitación o influencia de otros artistas plásticos. Y él mismo nos explica y comenta cómo fue:

“Yo dibujaba y no quería imitar. Quería inventar mi estilo propio. Y eso es muy difícil. Yo en algún momento pensé que perdía el tiempo. El maestro me dijo: no David, tu mente la estás entrenando, es como un boxeador: antes de una pelea debe entrenar, para cuando llegue la pelea tú ya estás listo. Debes estar entrenando tu mente. ¡Qué razón tenía!”.

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El cambio que surgió de situación de calle a pintor profesional fue muy drástico. Ese cambio o golpe de suerte nos dice ocurrió en una galería en Polanco cuando llevó unos dibujos de su autoría para ver si podían ser exhibidos. Ahí conoció a dos jóvenes, uno de ellos era Jaime Soto quien lo recomendó con María Teresa R. Almazán. 

“Me marcó Jaime Soto y me comenta que conoció a un chavo de la calle que pinta –palabras textuales- chingonsísimo, te va a encantar. Se llama David Correa. Colgando el teléfono suena y era él. Lo cité a las cinco de la tarde”.

“Al otro día esperaba a David a la hora acordada. A las 5:30 avisé en casa que no recibía a ningún David Correa. Mi hija, que en ese momento dormía y por lo tanto no escuchó mis indicaciones, al escuchar la campana abre y pasa a David a donde yo me encontraba. Me explicó que se confundió de estación de metro, y como ya no tenía dinero tuvo que caminar un largo trayecto. Ahí todo mi ser se desvaneció. Me presentó su trabajo y me encantó. Fue como empezamos a trabajar juntos desde hace 20 años”. Recuerda con nostalgia Teresa, su representante.

David Correa se expresa a través de su pintura, del arte; su obra a recorrido el mundo pasando por países como Estados Unidos, Belice, Argentina, España, Turquía, Grecia Italia y Japón. También ha impartido diversos talleres y cursos sobre pintura, pero, ¿cuál es el estilo de este pintor y cómo fue ese viaje a Japón?

“A lo largo del tiempo exploras muchas técnicas. Ya cuando empecé a tener medios para invertir en mejor material, empiezo a combinar. Lo mío es figurativo. Creo mis propias figuras”.

“La mejor experiencia fue en Japón. El mejor viaje que he hecho. Hay mucho respeto a los artistas plásticos en ese país. Te veneran por estar creando. Respetan al artista porque nutren el espíritu”.

“Tuvimos oportunidad de tomar clases de cerámica con el mejor maestro en esta arte”.

“Y de todas las partes de Japón iban a tomar mis clases. Era para niños pero aún así los adultos las tomaban. De hecho, en Japón se encuentra uno de mis primeros dibujos”. Platica y recuerda David Correa.

David empezó trabajando doce horas diarias, de las cuales, a lo largo del tiempo y la experiencia, ahora le dedica menos tiempo, lo que sí nunca deja, es la creación de bocetos en papel. Primero crea un boceto a lápiz para posteriormente pasarlo a la tela.

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“He utilizado el chapopote rebajado con petróleo y pintura acrílica sobre cartón, café soluble con clarasol, acrílico, gis. Una técnica mixta”.

“Otra pueden ser recortes como ir armando una especie de rompecabezas. Lo último es arenas con pigmentos que son la materia prima de la pintura de los tubos de oleo. La trabajo directo”.

“Todo lo que he aprendido es a través de experimentar en el taller o donde me acomodo”.

“Hay mucho egoísmo en el arte. La gente con el arte se vuelve así, no te dicen técnicas ni donde comprar material. Yo digo todo, al final no me llevaré nada de esta vida”.

“En mis obras he agarrado práctica. Luego me llevo un día, pero no queda terminada. Hay que retocar. Puede ser de una semana a quince días de trabajo. El mismo cuadro o dibujo te va pidiendo y diciendo hasta donde. Incluso puede estar un cuadro guardado durante años y después él mismo te lo va pidiendo”. Nos explica el pintor.

Sin duda, un claro ejemplo de superación, de ser constante, ser disciplinado, y buscar los medios a pesar de no tenerlos para lograr y hacer realidad un sueño, un objetivo, una meta, es David Correa Muñoz.

A lo que David le manda un mensaje a las nuevas generaciones sin antes, agradecer tanto apoyo, confianza, pero sobre todo, cariño a su representante y amiga Teresa Rodríguez.

“Que las nuevas generaciones sigan trabajando fuerte, que hagan lo que les guste, que no se dejen vencer. Tener paciencia, que no dejen de soñar y sobre todo que se acerquen mucho a Dios”.

“Que no sigan las modas efímeras. El arte es un proceso, es una búsqueda, no se hacen en un año o dos. Puedes dejar tu vida y nunca encuentras lo que buscas. También deben ver arte, leer, ser buen humano y tener disciplina”.

“Para mí el arte es algo que me mueve, es algo bello”. David Correa Muñoz.

Fotografía por Karina LM @bykarinalm

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Un comentario en “Entrevista con el pintor David Correa

  1. El cuadro más hermoso de mi casa se llama El Coro (1996).David Correa

    Sería afortunado de ver algo de su obra y saber si puedo comprar una.

    Arturo

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