INSTANTÁNEAS DE LA CIUDAD.

Escritas y contadas por Miguel Ángel Tenorio

 

Hoy presentamos: “LO QUE REALMENTE TENEMOS”

 

Nueve treinta de la mañana, estación terminal de Barranca del Muerto. Ella, bolsa y botella de agua en las manos, espera sentada en la banca que está al final del andén. El convoy viene llegando. Ella sube a la cabina del último vagón. Metros adelante, cambio de vía. El último vagón se convierte en el primero. Ella es ahora, la conductora.

Es viernes, se siente en el ambiente. Para muchos, la alegría del último día de trabajo de la semana. Para ella, el aburrimiento como tormenta que se avecina.

Como siempre, su marido pegado a la televisión, viendo los interminables partidos de fútbol. Estación Mixcoac.

Como siempre, su hermana queriendo que la acompañe al Burger King de Calzada Legaria. Estación San Antonio.

  • Así juegan tus hijos y los míos – le dice la hermana -. Y tú y yo podemos platicar.
  • ¿De qué?

Estación San Pedro de los Pinos. “Pues de lo de siempre, del marido de la hermana.”

Estación Tacubaya.

  • Por favor, permita el libre el cierre de puertas – dice una voz grabada.

El convoy reinicia la marcha. Ella recuerda a su hermana, siempre quejándose de que su marido ya anda con la pelos de elote, con la patas de pollo, con la prieta desgraciada.

  • Lo bueno es que el tuyo nada más ve televisión – le dice la hermana.

Estación Constituyentes. “Por favor, permita el libre el cierre de puertas.”

  • Ay, la gente que no entiende – piensa ella, como su hermana, a la que siempre le dice -. ¿Y por qué no te separas de tu marido?

Estación Auditorio.

  • No, ¿cómo crees? – replica la hermana, mientras ella, de pronto, sin saber por qué/

Estación Polanco. Ella recuerda la imagen de él, que la tumba en la cama, le sube las piernas a sus hombros y ella misma, tomándose con las manos la punta de los pies, estira y abre más sus piernas, como en sus clases de yoga. Estación San Joaquín.

  • Sí, por aquí fue – recuerda ella, un hotel en las calles de Lago Garda, colonia Anáhuac/

Estación Tacaba.

  • Sí, sí, ahí fue – recuerda ella, el miércoles que dijo que iba a su clase de yoga, pero no.

El miércoles, ella abriendo las piernas y él entrando, entrando, entrando, hasta dentro. Estación Refinería. Él entrando hasta adentro y ella llenándose, llenándose. Pero sólo ese miércoles y luego quién sabe hasta cuándo, porque él está casado, tiene a su esposa, los fines de semana son de la familia, no se puede. Estación Camarones.

  • ¿Qué, qué? – se pregunta ella.

Ahí está él, en el andén con una mujer, que no es su esposa. ¡Yiiiiiiiiiiiiijjjjjjjjk! El convoy se frena en seco. Los pasajeros chocan unos con otros. Ella se quiere bajar y golpearlo a él, que se da cuenta y corre hacia la salida. Por un instante ella se imagina que lo destroza a él y que desgreña a la mujer.

Suspiro profundo, como en el yoga.

Ella, mirada nublada, respira profundo. Estación Aquiles Serdán. Las puertas se abren, se cierran. Suspiro de alivio, como en el yoga. Avanza. Estación terminal de El Rosario. Baja de la cabina.

  • Voy por un refresco allá afuera – avisa y camina con el temblor en las piernas, sudor en la frente.

De pronto, suena su celular. Es él. Ella le va a lanzar todos los reclamos, pero él le dice:

  • Perdóname, perdóname, pero no te quiero perder. Tú dime cuándo nos vemos y a la hora que tú me digas y donde tú me digas, ahí estoy.

Ella está a punto de cortarlo, pero/ Domingo, Burger King de Calzada Legaria, la hermana con los hijos de las dos, el marido de ella en casa viendo los partidos de fútbol.

Y ella con él. Con él, que se arriesga dejando por un momento a su familia con sus suegros y cuñados. Ella y él, tumbándose en la cama. Ella tomándose con las manos la punta de los pies y elevando las piernas – como en el yoga-, abriéndolas para que él entre hasta dentro y la llene, la llene, la llene, al tiempo que piensa:

  • A estas alturas de la vida, nadie es exclusivo de nadie, y lo único que tenemos es lo que realmente tenemos, en el momento en que lo tenemos …¡Clinc, clinc! ¡Ahhhrrrrrr!

Esta historia aparece en el libro “Pasajeros vemos, corazones no sabemos”, Ediciones IPN.

Recuerden: Sábado 27 de agosto, 17 horas, Bar “El Hijo del Cuervo”, en Coyoacán, celebración de los 23 años de las “Instantáneas de la Ciudad”. Cóver $60.

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