Is real.

Por Pamela RM @sopadeburbujas

¿Les ha pasado que no necesitan cruzar ni una sola palabra, sólo ver a una persona, para saber que será alguien muy importante en su vida? A mí me pasó. Llegó (millenialmente) por Twitter. Me intrigaba porque no había día que no le diera un corazoncito o un algo a lo que yo escribía ahí. Luego, en el Anahuacalli, lo vi, vi a esa persona que sólo conocía por tuits y por fotos, lo vi a lo lejos, cantando. En ese momento supe que él iba a ser una de esas personas que te marcan. Y hoy, después de 3 años y cachito, puedo decir que sí, que lo fue, que lo es.

Unas semanas después de esa tarde en el Anahuacalli nos presentaron. Yo tenía novio y estaba enamorada, pero él tenía un poder muy cabrón sobre mí, uno que a la fecha tiene y no sé como explicar. Estuvimos en Tapachula con otros amigos, bebimos cerveza y reímos, no dejamos de reír. A raíz de esa reunión comenzamos a trabajar juntos, cada que lo veía era como si yo fuera un imán y él un refrigerador. Pero trataba de contenerme, yo todavía tenía novio y estaba enamorada, pero sentir es inevitable… Y yo sentía. Cuando estaba con él hasta mi respiración cambiaba.

En el caos que era mi vida me quedé sin casa y entonces, supongo que cual refrigerador atrayendo al imán que yo era, acabé mudándome a la casa en la que él vivía, en el cuarto de al lado, por el que él tenía que pasar cada vez que iba a entrar o salir del suyo, porque su cuarto prácticamente era una extensión del mío. Teníamos mucha química, mucha conexión, sabía que él sentía algo por mi, no estaba segura qué, pero lo sabía, solo era cosa de vernos a los ojos para entenderlo. Yo seguía con mi novio pero las cosas no estaban del todo bien, él tenía problemas sexuales y yo necesitaba esa parte, traté de ser paciente, de esperarlo, pero nunca me sentí conectada con él en lo sexual y eso nos separó. Además de trabajar con mi roomate refrigerador, empezamos a compartir los mismos gustos, salidas y amigos. En una de esas salidas, fuimos a Santo Domingo a cenar y beber cerveza. Me emborraché, se emborrachó, le conté a los invitados mis problemas sexuales con mi entonces novio, escuchamos a Emmanuel, cantamos. De Santo Domingo podíamos llegar a nuestra casa caminando y así nos fuimos. Cuando llegamos nos sentamos en uno de los sillones de la sala, decíamos incoherencias divertidas y empezamos a imaginar que los dedos de nuestras manos eran bailarines. Y nuestras manos bailaron. Y entonces nos besamos, como locos, como adolescentes, con mucha pasión. Otro de los roomates nos cachó y nos hicimos mensos, luego nos subimos a su cuarto que en teoría era mi cuarto también y se convirtió en una laguna estrellada con luciérnagas y cantos de aves y sonidos de tambores (que en realidad eran nuestros latidos), el sexo tenía ese ruido y ese poder de transformar mi realidad. Yo sé que apenas conocía pequeñas partes de él, pero a la mañana siguiente supe que estaba enamorada, no sólo eso, supe que lo amaba, y una vez leí por ahí que cuando tienes sexo con alguien se queda en tu energía un poco de su energía por siempre y viceversa. Yo seguía teniendo novio y traté de contener muchos impulsos y actuar según las “normas morales”. No sé cuánto tiempo pasó, sólo recuerdo la noche en la que terminé con mi novio para entregarme al refrigerador, para pegarme a él como imán. Era abril, era un 13 de abril. Hicimos coronas de flores y no importaba que él estuviera al otro extremo de mí, me veía, lo veía y sentía que flotaba, me sentía en el éxtasis del amor más loco. Había velas, había una fiesta. No queríamos que la gente notara lo nuestro, pero acabamos durmiendo juntos esa noche también. Una tarde, estábamos solos en casa y me dijo que lo acompañara a la azotea del edificio, la vista de la calle Regina desde ahí era muy bella, pero más bello el cielo y más bello lo que pasó; me dijo que le daba miedo lo que estaba sintiendo por mi y que quería contarme su historia. Hablamos de la ausencia de su padre, de las mujeres de su vida, de la fuerza de su madre, hablamos de sus paranoias y sus hipocondrías y de la ex novia que tanto amó. Yo lo amé más. Al final de esa conversación me dijo que no podíamos estar juntos, que yo acababa de terminar con mi novio. Esa noche también dormimos en la misma cama. Luego pasaron semanas, salidas, trabajo y me enfermé de querer ponerle etiqueta a nuestra relación y además empecé a sentir celos. Entonces él hacía locuras y se me olvidaba lo de las etiquetas y los celos porque eso es lo que más amaba de él, sus locuras. Una morra lo fue a ver, era evidente que esa morra le tenía ganas y me subí a bañar. Estaba histérica por dentro, enojada, confundida y de pronto…¡Pum! Abrieron la cortina de la regadera y era él, se metió al agua con ropa y conmigo, me dio un beso que duró décadas y luego se salió, tenía que ir a trabajar y estaba empapado. Todo lo negativo que sentí minutos antes se fue por la coladera. Volví a flotar. La primera vez que caminamos de la mano fue saliendo del concierto de Jorge Drexler. Cuando terminó el concierto nos paramos de los asientos y él, con toda la certeza tomó mi mano. Sentí cosquillitas en todo mi cuerpo. Era la Eleanor de su Steve.

Hubo una fiesta en la que bebí demasiado, no sé por qué acabamos hablando de la monogamia, él me dijo que prefería ser poliamoroso y me encabroné; me empecé a portar mamona, arrogante y rara, pero nunca le dije lo que me molestaba en el fondo. Al otro día, no me hablaba. Desde ese día todo se acabó pero no quise entenderlo y no quise aceptarlo y no quise darme cuenta y me aferré. Y uno no debe aferrarse a una persona que ya no te mira con magia. Las cosas cambiaron, había días buenos, pero los malos empezaron a ser más. Yo le dije que quería ser su novia que fuera claro conmigo que ya no me tuviera así y una noche en una banca de cemento me dijo que no estaba enamorado de mí, que aquella noche de la fiesta algo se rompió. Entonces quedamos de ser amigos pero yo me estaba volviendo loca y le pedí que me dejara seguir durmiendo con él, que eso era todo lo que le pedía y él aceptó y seguimos viviendo juntos y durmiendo juntos noche a noche y en cosa de nada volvimos a la misma dinámica. Pero no éramos novios y la falta de etiqueta me estaba llevando a lugares muy oscuros, a pesar de que ya sabía que él me quería y un chingo, pero como amiga.

El mes de mi cumpleaños llegó y yo ya me había mudado, él también, sin embargo se iba a quedar a mi casa todos los días. Nos enfermamos, nuestra piel no estaba bien, una tarde plantamos a todo el mundo y dejamos todos nuestros compromisos para untarnos un menjurje de azufre, pusimos ‘La vida en rosa’. Ahí estábamos, uno frente al otro completamente desnudos y llenos de azufre, tratando de curarnos. Seguí en el lado oscuro, bebiendo, haciéndole panchos y volviéndome loca porque no me amaba como yo quería que me amara. ¿Saben lo que es amar con todo tu ser a una persona y no poder (o más bien querer) decirlo porque sabes que la respuesta no te va a satisfacer? A pesar de todo, el mes de mi cumpleaños me pidió que fuera su novia, me lo susurró al oído, me dijo que no sabía cuánto iba a durar y si iba a funcionar pero que quería que fuera su novia y yo no sé qué cara puse pero le dije que sí, que sí, que sí, que sí y repetí ese sí unas cien veces en mi mente.

Por fin teníamos puesta la etiqueta, y todo parecía estar bien, nuestro ritual antes de dormir, nuestras largas pláticas de su vida y mi vida, yo confiaba en él como en nadie, con él sentía que podía luchar contra el mundo y salir ganando. Sus manos grandes entrelazadas en mis manos jodidas por mi ansiedad eran mi armadura. Sus besos y verlo a mi lado durmiendo con la boca abierta también. Creo que él nunca supo cuántas veces desperté y sólo lo miraba, hoy todavía puedo cerrar los ojos y verlo durmiendo con la boca abierta y la baba saliendo de ella, como si apenas hubiéramos dormido juntos anoche.

El refrigerador me presentó a sus amigos de la infancia, de la adolescencia y de aquel presente. Me llevó a comer pozole con su mamá, me compró un vestido en La Lagunilla, me cuidó cuando corrimos por el centro para salvarnos de las locuras del país cuando EPN sacó a los maestros del Zócalo a la fuerza, hizo que me gustara el aguacate, me alcanzaba en las noches mientras yo tenía que ir a trabajar con las bandas para que no me regresara sola a casa, me llevaba a comprar libros, a tomar coca cola y a comer tacos de rajas con crema y pechuga empanizada de pollo, me regaló dos peces y flores, caminaba conmigo bajo la lluvia, me enseñaba sus canciones, me cambió el nombre, me hacía cucharearlo todas y cada una de las noches que dormimos juntos, me dejaba alaciarle el pelo con la plancha y luego actuaba como argentino, me hacía reír. Yo le hacía hotcakes, lo cuidaba cuando estaba enfermo, le dibujaba triángulos en su espalda juntando sus lunares, lo dibujaba en mis libretas, lo escribía en mis libretas, yo quería ir a la playa con él.

Me cortó dos o tres veces, una un 15 de septiembre, esa noche no dormí porque no podía dejar de llorar. Luego regresamos, luego me volvió a cortar y yo me corté el cabello con las tijeras de la cocina, al minuto de haberme cortado el cabello regresó y me besó y seguimos siendo novios, pero cada día me daba más y más cuenta de que él no me amaba, me quería mucho, sí, pero no me amaba. Yo no era la mujer de su vida, la que lo volvía loco, a la que le haría canciones y discos. Pero seguí engañándome. Un día de octubre me dijo que lo acompañara a casa de su papá, ese papá ausente del que me contó tanto en la azotea. Fuimos hasta Xochimilco, me presentó como su novia, su papá estaba feliz, nos sentamos un ratito a ver una película con él y su familia, me abrazaba. En el camino de regreso me sentí importante, sentí que a lo mejor ya estaba pasando y me amaba como yo esperaba que me amara, al final ninguna morra había conocido a su papá o al menos eso dijo el señor. Y nos dormimos. Y esa noche por primera vez sentí que no debía tener miedo de que lo nuestro terminara, habíamos dado un paso gigante. Era 7 de octubre, me fui a trabajar. De pronto me escribió para decirme que lo mejor era terminar, que sólo me veía como amiga, que no estaba enamorado, que necesitaba estar solo. Tuve que salirme de la oficina, acabé en una de las jardineras de Bellas Artes llorando como nunca había llorado en la vida. En esa jardinera se murió y enterró una parte de mí. Se murió la historia que erróneamente me hice en la cabeza, las ilusiones, los planes… Odié la noche en la que me emborraché y se rompió esa mirada de enamorado con la que me vio tantas mañanas, tardes y noches en Regina. Me odié. Lo odié.

Intenté seguir siendo su amiga porque además trabajábamos juntos, a los dos meses mi mejor amigo me dijo que estaba enamorado de mi y decidí darme una oportunidad con alguien que me amaba locamente y que además yo conocía tan bien y quería tanto. Esa es otra historia, (una muy bella por cierto), pero esta no acabó tan fácil, en algún momento terminamos fumando mota en mi sillón amarillo y haciéndolo como si todo fuera como antes, esa tarde todo fue como antes pero me dolió, porque no nos acostamos a ver películas de la mano, él salió por la puerta sin ganas de pedirme que regresáramos, que construyéramos más historias juntos, me dejó con mi vestido negro medio puesto y con la herida más abierta. Decidí reconstruirme y mi mejor amigo me ayudó. Dejé de hablar por completo con el refri, me fui bien lejos, a otro plano en el mismo plano. Me fui a seguir viviendo.

Hoy somos amigos, nos vemos de vez en cuando para ir a comer o desayunar. Nos contamos algunas cosas de nuestras nuevas vidas. Nos damos abrazos fuertes al saludarnos y al despedirnos, a veces, durante esos abrazos, me dan ganas de no soltarlo nunca. Chateamos unas cuantas palabras al mes, sobretodo cuando él anda mal o cuando yo tengo crisis existenciales. De alguna u otra manera, seguimos ahí. Ya no tiene mi teléfono guardado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s