INSTANTÁNEAS DE LA CIUDAD.

Escritas y contadas por Miguel Ángel Tenorio

Hoy presentamos: DOS DE JULIO, NO LO OLVIDO.

Cinco y media de la mañana, él se levanta, a ver si ya llegó el periódico, hacer café para él, jugo de naranja para todos.

Toma el periódico y ve la fecha: dos de julio. Una sonrisa y una lágrima se salen al mismo tiempo.

Dos de julio del año 2000, elecciones federales en México. Mientras muchos celebran en las calles, él está tratando de decidirse y besarla a ella, pero no puede.

Entonces ella toma el mando y le rodea el cuello con sus brazos, aproxima sus labios a los de él y muy suavemente empieza a besárselos. El quiere subir sus brazos a la espalda desnuda de ella, pero siente que sus brazos están engarrotados.

Ella lo mira con mucha seriedad, dieciocho años apenas hoy cumplidos. Y él, torpe en sus casi cincuenta, sólo sonríe, porque parece más bien burlarse de sí mismo, que está sentado en la silla con la camisa abierta.

Y ella, sentada frente a él, sobre sus piernas, besándolo en la boca, al acercarse ahora a su pecho y hacerlo estremecerse. Y luego, con esa misma mirada seria, tomarlo del cinturón y llevarlo con ella hacia la cama, donde le pide que él le quite el pantalón.

Y él, se enfrasca en un duelo con el cinturón de ella. Con los botones, con el cierre.

Ella tiene que venir en su auxilio. Ella que ahora también, lo auxilia a él con su propio pantalón.

  • Qué torpe soy, qué torpe soy – se recrimina él, que intenta quitarse los calcetines, pero se tarda mucho y ella lo jala hacia ella, para que esté sobre ella, que respira con mucha profundidad, y le pide a él que le bese el cuello, los hombros, el pecho.

Y él se acerca voraz, pero ella le pide clama.

  • Suavecito, por favor, suavecito.
  • Perdóname, es que – se empieza él a disculpar, pero ella le pone su dedo en la boca para que calle y le pide que ponga sus labios en su ombligo.

Y ahora sí, ella abre las piernas lentamente y le pide a él que entre, con suavidad, pero que entre ya, que entre, que entre.

Pero entonces …

  • No puedo – dice él, con los ojos llorosos.

Un mes atrás, Sanborn´s de Eugenia e Insurgentes: ella con una de esas blusas que sólo cubren lo estrictamente necesario, espalda descubierta y unos pantalones que resaltan la redondez de sus formas.

Ella, seguramente captando la atención de todos.

“Claro”, piensa él, “han de decir: este degenerado se quiere meter con esta niña. Porque sí, es una niña”.

Pero la niña lo sorprende, cuando le toma las manos y le dice:

  • ¿Sabe? Quiero pedirle dos favores.
  • Si se puede, con mucho gusto – dice él.
  • El primero es que quiero que deje de ver a mi mamá.
  • ¿Por qué?
  • Porque mi papá está haciendo su luchita para volver con mi mamá, y a mí sí me gustaría que regresaran los dos.
  • ¿Y el otro? – pregunta él, queriendo cambiar la conversación.
  • Quiero que me enseñe a hacer el amor.
  • Estás loca – responde él, a quien ya mero se le cae el café.
  • ¿Qué, no le gusto? – pregunta ella, ensayando a ser provocativa.
  • No, de gustarme, sí, pero eres una niña.
  • Ya no. El día de las elecciones cumplo los 18.

La mañana de las elecciones, ella feliz, radiante, de funcionaria de casilla. Él llega a emitir su voto. A la salida se encuentra con la mamá de ella, que de pronto le suelta:

  • Perdóname, pero mi marido me pidió que regresáramos y ya lo pensé bien. Fueron quince años de matrimonio. Tú eres muy lindo, muy bueno, un caballero. Pero mi marido … mi marido es mi marido.

A él, el mundo se le cierra. Se entristece, se deprime.

Dos de julio del año 2000, en la noche: él, pegado a la televisión, viendo los resultados de las elecciones.

  • Te hablan – le dice su esposa – que te buscan de la casilla electoral.

Él presiente, contesta:

  • ¿Sí?
  • ¿Entonces, qué? ¿Sí o no? – pregunta ella.

Él va a decir que no, pero algo en su interior lo obliga a cambiar de opinión.

Y ahora ya están en el hotel y él no puede. Ah, pero ella, con mucha dulzura, con mucha suavidad, toma con sus manos la parte más viril de él, al tiempo que lo besa en la boca y poco a poco lo va haciendo a él que vaya recuperando su seguridad, su ser, su erección y pueda finalmente entrar en ella, que lo recibe gozosa, que lo abraza, lo besa, le agradece.

  • Perdóname por ser tan torpe – dice él.
  • Mi mamá siempre dijo que eras un caballero – dice ella -. Con mi novio mi primera vez fue todo así tan rápido que como no tuve tiempo de disfrutar. ¿Sabes? Para mí el dos de julio del año 2000 siempre lo voy a guardar en mi corazón.

El sonríe, se le sale una lágrima. Igual que hoy, cuando en el periódico ve la fecha: dos de julio. El también guarsará para siempre esa fecha en su corazón.

 

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