Habítame.

 

Por Estefanía Chimal

A ella no le gusta quedarse, es por eso que no tiene un hogar, es nómada, gusta de viajar, de habitar otros cuerpos; le gusta estar de visita, ella no conoce de permanencia, pero, entonces, un día vino a mí en una de sus visitas pasajeras, con todas sus maletas y, desde entonces, se convirtió en huésped.

Ella me habita, duerme en todas las habitaciones, me recorre, deambula cada uno de mis espacios, incluso, visita los rincones a los que yo nunca he llegado.

Ella camina lenta y sin prisas, como sin ganas de irse, y yo la alojo, como con ganas de que se quede una noche más, o dos, o todas; pero, yo sé que se irá, y me da miedo siquiera pensarlo, me da miedo pensar que pueda habitar a alguien más, tiemblo de sólo pensar que se pueda sentir demasiado cómoda en algún lugar, que recorra otro cuerpo como recorre el mío, pensar en la posibilidad de que pueda llegar el día en que se canse de tanto viajar, y que quiera establecerse en alguien más, o peor aún, ser la anfitriona de alguien más; y también me asusta pensar que me pueda dejar, vacía, vacía de ella, hueca por dentro. Porqué yo sé que nadie nunca podrá llenar mis espacios como lo hace ella, porqué mientras está dentro de mí, no queda un sólo hueco para nada más, para nadie más, y ella me colma, y me siento llena, repleta, y de nuevo la alojo, con ganas de que se quede, y le susurro al oído: ‘’Habítame por siempre’’, pero no sé si ella me escucha.

 

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