INSTANTÁNEAS DE LA CIUDAD

Escritas y contadas por Miguel Ángel Tenorio, desde 1993.

 

Un momento para acercarnos al lado humano de la ciudad. Para acercarnos a personajes que transitan, corren, sueñan, se enamoran, se pelean, en fin, tantas cosas que suceden a diario en estas

Instantáneas de la Ciudad.

 

Hoy presentamos: “UN DÍA DEL PADRE … DISTINTO”.

-¿Sabes qué? – le dice ella.

-¿Qué? – responde él, que más bien está gruñendo, porque hay que ir a ver a los papás de los dos. ¿Cómo repartirse?

-¿Desayuno con el mío y comida con el tuyo? – le propone a ella que le contrapropone:

-Mejor al revés.

-Es que va a estar mi hermano y su esposa – dice él – y pues creo que a mi papá le daría gusto que estuviéramos todos.

-Sí, pero a mi papá le vamos a hacer una comida – apunta ella – . La hemos venido planeando desde hace más de un mes.

-Está bien – dice él, que ahora, ante el “¿sabes qué?” de ella, ya está listo para brincar como fiera, pero se contiene y pregunta:

-¿Qué?

-¿Te acuerdas del día de las madres?

-¿Qué del día de las madres? – responde él con otra pregunta, afilada como espada que quiere pelear.

-¿Te acuerdas lo que nos pasó ese día? – pregunta ella más dulce.

-No – responde él, más agrio.

– ¿No te acuerdas cuando sonó el teléfono? – sondea ella con una sonrisa invitadora que finalmente a él lo suaviza y lo mete al recuerdo: Diez de mayo. Se va a ir a trabajar. Pero ella le dice:

-¿No que no ibas a ir a trabajar?

-Voy a ver unos asuntos.

-Nadie va a ir – le dice ella, que luego lo acusa:

-Lo que pasa es que no quieres convivir con mi mamá.

    -Pues no – afirma él, pero sólo para sí, no para afuera. “Lleva tres semanas aquí la       maldita vieja”, piensa con furia. Y ni modo, se queda en casa. Desayuna rápido, se encierra   en el cuarto. Lee el periódico, hojea unos libros, prende la tele, está muy inquieto.

 

Entra ella y él se le echa encima. Ella lo contiene:

-No, mejor en la noche.

Pero él no le hace caso y la besa donde sabe que ella pierde: el lóbulo de la oreja, le pasa la lengua por el cuello, le muerde con suavidad los cachetitos y las manos empiezan a acariciar más abajo. La boca invade territorios protegidos por la ropa. Ella todavía quiere oponer una leve resistencia, pero él la sorprende y le alza el vestido, le baja la pantaleta y ella ya no puede oponerse. Deja que él acerque su boca, que mueva con suavidad su lengua. Ella se estremece, siente a profundidad. De pronto, el teléfono suena. Ella quiere ir a contestar, pero él la aprisiona con las manos y la lengua hace también su trabajo. Ella se desploma. La mamá de ella contesta, les toca la puerta del cuarto:

   -Hablan tus hermanos, mi hijita, para saber a qué hora llegan.

   – Ay, perdón, no te dije – le informa ella a él – . La comida va a ser aquí.

Él ya no escucha, se desviste y embiste. Ella goza, él también. La mamá insiste en la puerta, pero él y ella prosiguen en lo suyo hasta que los cuerpos se vuelven líquidos y terminan exhaustos. El recuerdo se cierra.

-Sí, ya me acordé – dice él, con una gran sonrisa.

    -Pues felicidades – dice ella – El día de la madre me hiciste mamá. Y hoy, día del padre,           pues ya te puedo informar que eres papá.

Y los dos gritan, se besan y olvidan por un rato los agrios momentos familiares.

 

 

Pueden escuchar todos los martes “Media hora con Miguel Ángel Tenorio”, a través de Radio Sogem:   www.radiosogem.org 

 

 

 

 

 

 

 

 

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